Nutrición y ecología de las plantas

Por Mirdav

Fotografía de Sublimation

Las plantas no consumen otros organismos para poder vivir, crecer y reproducirse (salvo algunas excepciones), sino que a través de la fotosíntesis obtienen la energía y absorben los nutrientes necesarios para su supervivencia directamente de su entorno. No consumen materia biológica, sino que la producen. Son el alimento de los herbívoros, que a su vez son alimento de los depredadores, es decir, el primer eslabón de la cadena alimenticia; por lo tanto, son proveedoras de sustento y sin ellas ningún animal podría sobrevivir.
Al no consumir materia biológica, necesitan de la fotosíntesis para obtener energía de la luz, el dióxido de carbono y el agua. Las células fotosintéticas que hay en el interior de la planta contienen pigmentos que capturan la energía de la luz para descomponer la estructura molecular del agua (H2O) en hidrógeno y oxígeno. Ese hidrógeno se une al dióxido de carbono y después al oxígeno para formar glucosa, que es una de las fuentes de energía principales de las plantas. Esa glucosa es soluble en el agua y podría perderse antes de ser utilizada; para evitarlo, las plantas transforman la glucosa en un componente del almidón que es insoluble y lo transportan a las raíces, donde queda almacenado. Algunas plantas han desarrollado estructuras radiculares como tubérculos, rizomas o bulbos, que son capaces de almacenar grandes cantidades de almidón.

Fotografía de Gelu


Las plantas no tienen control sobre la actividad fotosintética que se produce en sus células, sino que son los factores ambientales como la luz, el CO2 o la temperatura los que tiene un efecto directo sobre dicha actividad celular. Es lo que se conoce como tasa fotosintética y ,normalmente, el factor más escaso es el que actúa como inhibidor. El exceso de temperatura, la falta de CO2 o una iluminación insuficiente pueden afectar gravemente a la tasa fotosintética.

En nuestros acuarios debemos evitar esos efectos limitantes en la medida de lo posible. El más importante es la luz. Las células fotosintéticas solo tienen actividad mientras hay luz, es decir, por la noche se detiene dicha actividad y no se reanuda hasta que no se vuelve a encender la luz. Por ello hay que hallar el equilibrio entre potencia y fotoperiodo. Un exceso de potencia puede hacer que las plantas alcancen el punto de saturación lumínica y muestren carencias de nutrientes aunque estos se encuentren disponibles. Esto no suele ser común salvo en plantas de crecimiento lento y bajos requerimientos lumínicos. Por otro lado, demasiadas horas de luz alargan el periodo fotosintético, que incide negativamente en la salud de las plantas.

Fotografía de RoFran

El siguiente factor que hay que controlar es el CO2. No sirve de nada tener una buena iluminación y un fotoperiodo correcto si la cantidad de CO2 no es la adecuada. Con una fuente luminosa potente, el aporte de CO2 ha de ser alto; mientras que con una luz moderada, el aporte de CO2 también será moderado.
Por último, la temperatura ha de estar siempre dentro de un rango tolerable por las plantas que mantengamos. Cuando los niveles de luz y CO2 sean lo bastante altos y la temperatura esté en un nivel óptimo, la tasa fotosintética se incrementará rápidamente.

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